En México, los precios de los medicamentos y servicios médicos tuvieron un aumento superior a la inflación general, lo que causó una fuerte presión económica sobre los pacientes y sus familias. Esta llamada "inflación médica" (consultas, tratamientos, hospitalización y estudios) muestra diferencias significativas frente al promedio de la economía, especialmente el sector privado, cuyas proyecciones de alza se ubican entre las más altas a nivel global por factores como la innovación tecnológica y la dependencia de insumos importados.
Especialistas señalan que este fenómeno responde a cuatro elementos principales: el encarecimiento de la tecnología, el poder del mercado farmacéutico, la escasez de especialistas y las fallas o saturación en el sector público que obligan a la población a buscar alternativas privadas. Incluso afiliados al IMSS o ISSSTE sufragan costos de su propio bolsillo por la falta de cobertura total o al desabasto.
El impacto en el gasto familiar es profundo y afecta de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos. Por ejemplo, el costo de medicamentos esenciales como la metformina experimentó incrementos drásticos entre 2018 y 2024. Según datos de la ENIGH, cada hogar destina miles de pesos anuales de su presupuesto personal a la salud, concentrando una parte muy importante en la adquisición de medicinas y tratamientos sin receta, a pesar de contar formalmente con algún tipo de derechohabiencia.
Esta dinámica pone bajo lupa el nivel del presupuesto público que se destina al sector salud en el país. Aunque se asignan recursos importantes, están muy por debajo del porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) recomendado por los organismos internacionales, lo que limita la capacidad de respuesta del Estado y perpetuando la alta dependencia del gasto de bolsillo de los ciudadanos.